EP224 – El Poder de las Pequeñas Victorias

Muchos gerentes no entienden la verdadera motivación de sus empleados. El 95% de los líderes suelen equivocarse sobre lo que impulsa a su equipo. Según el estudio de Amabile y Kramer en Harvard Business Review, compartiré las claves reales de la motivación. #AdvancedQualityPrograms #JuanNavarro #TheQualityGuy #HappinesSeries #SmallWins

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Se suele pensar que ofrecer un gran incentivo económico anual es la mejor manera de motivar a los empleados; sin embargo, la evidencia científica demuestra que esta estrategia no es la más efectiva. Muchos líderes creen que una recompensa importante incrementa el compromiso y la productividad cuando, en realidad, el verdadero motor de la motivación se encuentra en los pequeños logros diarios. Los estudios revelan que un premio aislado no genera el impacto psicológico que sí producen las conquistas cotidianas y el avance progresivo.

Todos hemos experimentado cómo, al empezar un proyecto nuevo con un objetivo ambicioso y un gran incentivo, la motivación inicial es intensa pero se desvanece en cuestión de días. Pronto, la meta parece inalcanzable y la distancia hasta la recompensa desmotiva. Aparecen el cansancio y el agobio, y las tareas se empiezan a aplazar, no por falta de voluntad, sino porque el cerebro responde mejor a los logros inmediatos. Así, los grandes incentivos pueden tener efectos contrarios a los deseados: el objetivo se percibe lejano, disminuye la implicación y solo se cumplen los mínimos.

Para descubrir qué motiva realmente a las personas, Teresa Amabile y Steven Kramer analizaron miles de registros diarios de empleados, concluyendo que avanzar en tareas significativas es el auténtico desencadenante de la motivación. Este fenómeno se denomina el Principio del Progreso.

Incluso los avances mínimos generan un impacto positivo en la creatividad y el compromiso. Cuando una persona termina el día satisfecha, suele ser porque ha experimentado algún tipo de progreso; por el contrario, la frustración suele estar ligada a los retrocesos. Este efecto no depende de la personalidad, sino de los acontecimientos cotidianos.

La razón detrás de este fenómeno es la dopamina, un neurotransmisor vinculado no solo con el placer, sino también con la motivación. El cerebro libera dopamina al detectar avances, enviando el mensaje: «esto funciona, sigue así». Por eso los videojuegos son tan adictivos: cada moneda o nivel superado libera dopamina. En cambio, una recompensa anual no proporciona esa retroalimentación inmediata que el cerebro necesita para mantenerse conectado.

Dato clave: El 28% de los incidentes pequeños, aunque parezcan insignificantes para el proyecto global, tienen un impacto enorme en la motivación de las personas.

Hay un aspecto crítico: los retrocesos tienen más del doble de impacto negativo que el efecto positivo de una pequeña victoria. Una reunión innecesaria, un cambio inesperado o la cancelación de una tarea pueden hundir la energía rápidamente.

Además, el progreso solo motiva si el trabajo tiene sentido. Si la tarea parece inútil, el avance no surte efecto. El trabajo debe alinearse con tus valores o los de tu grupo para que la motivación se multiplique.

Esta es la forma de fomentar los logros pequeños. Amabile y Kramer identificaron dos tipos de acciones para facilitar este proceso:

Catalizadores (Tareas): Acciones que facilitan el trabajo.

  • Definir metas claras.
  • Brindar autonomía para organizar el trabajo.
  • Ofrecer recursos y tiempo suficientes.
  • Aprender de los problemas sin buscar culpables.

Nutrición emocional (Nourishers): Apoyo interpersonal.

  • Mostrar respeto y reconocer el esfuerzo.
  • Dar palabras de ánimo.
  • Fomentar el espíritu de equipo.

La investigación de Amabile y Kramer indica que la felicidad está ligada al proceso gradual de construir nuestra identidad. Por ejemplo, si te propones «perder 50 kilos», es fácil sentir que fracasas cada día en que no hay cambios radicales. Sin embargo, si tu objetivo está ligado a pequeñas metas, por ejemplo «caminar cinco minutos hoy», lograrlo parece mucho más posible y, por lo tanto, más motivador. Esas pequeñas victorias te motivan a continuar la rutina al día siguiente. Al cabo de una semana, tu objetivo ya no se limita a perder peso; ahora te identificas como alguien que camina diariamente y, como resultado, mantiene un peso saludable, ligando tu felicidad a tu progreso y a tu nueva identidad. Lo mismo sucede con metas como escribir un libro o hacer deporte: una página diaria te convierte en un feliz escritor; diez lagartijas diarias te –

convierten en un feliz deportista.

Un gran incentivo premia el resultado final, pero la pequeña conquista constante celebra el proceso y mantiene el avance a largo plazo.

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Basado en el artículo “The Power of Small Wins” de Teresa Amabile y Steven Kramer, publicado en Harvard Business Review.